El lucro cesante y el daño emergente son dos conceptos relacionados pero distintos de calcular

 

Al lucro cesante a veces también se le denomina de forma errónea “pérdida de beneficios”. El lucro cesante es el beneficio que deja de obtener una empresa más los gastos fijos que siguen incurriendo mientras dura la paralización. Estos gastos fijos son los salarios, rentas, impuestos, gastos de agua y luz mínimos, gastos financieros, etc… El beneficio es el declarado y que muchas veces no coincide con el real, pero sólo se puede reclamar y valorar el que se declara a Hacienda.

El daño emergente es en muchas ocasiones difícil, por no decir imposible, de calcular. El daño emergente supone calcular lo que cuesta que la empresa después del cierre temporal vuelva a tener el mismo volumen de actividad. Es decir, que recupere su clientela y la facturación. En le realidad, sería que recupere su fondo de comercio del de antes de la paralización.

Para el cálculo de un lucro cesante de una actividad debemos de estudiar los libros contables, ingresos, gastos, impuestos, beneficio, declarado, etc. Muchas veces nos encontramos que estos datos no son reales o ni siquiera los tienen.

Con respecto al daño emergente, la labor todavía es más difícil porque el afectado siempre declara daños que incurre que son reales y a veces más grandes que el daño que se puede cuantificar.

 

Por ejemplo, podemos referirnos a un caso real en el que el inquilino de  un local de hostelería nos manifiesta que lleva tomando tranquilizantes desde que se tuvo que cerrar el local debido a una inundación, y a raíz de esto se encuentra en tratamiento. Siendo este daño real tan real (valga la redundancia) que incluso el psiquiatra le ha recomendado que no haga ninguna gestión, y que delegue en su esposa la tramitación de todos los asuntos relacionados con el mismo, con el perjuicio y molestias evidentes que ello supone.

¿Cómo puede valorarse el daño en este caso? y si se diera la circunstancia de que el afectado no pudiera volver a la actividad durante un periodo prolongado de tiempo, ¿cómo se va a recuperar el negocio?¿Y cómo se valora en estas circunstancias el daño emergente?

 

A modo de conclusión, destacamos el hecho de que cuando valoramos una paralización desde el punto de vista pericial, se trata un trabajo complejo y costoso en tiempo, y en ocasiones engorroso por la falta de documentación. Y casi siempre nos encontramos con que la percepción que tiene el afectado del coste económico, sin dejar de ser real, es difícil de demostrar.

 

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